Bogotá, Colombia • Miercoles, 24 de mayo de 2017

Madres adolescentes 2. Lejos de una sexualidad sana y responsable

El tema de la maternidad temprana nos preocupa a todos. La paradoja es que para nuestros tiempos, el tema de la anticoncepción y el manejo de la sexualidad deberían estar más que superados. Los hechos nos demuestran que no es igual, y que por el contrario, estamos muy lejos de lograr una sexualidad sana y responsable, no solo entre nuestros jóvenes sino entre nosotros mismos.

Actitudes contradictorias

Adolescente embarazada

Nos encontramos aún con actitudes que creíamos erradicadas sobre la maternidad, los roles y la sexualidad de pareja. Al respecto, la Secretaría de Salud realizó un estudio con jóvenes de Ciudad Bolívar tomando como muestra base cuatro grupos de jóvenes. Hombres y mujeres, escolarizados y no escolarizados. En los hombres escolarizados la actitud es demostrar que tienen todo el conocimiento necesario para llevar a sus compañeros a la relación sexual. Sin embargo, en el momento crucial olvidan todo lo que sabían y deciden olvidar las promesas de responsabilidad que antes se habían hecho. Para los muchachos que no están escolarizados la situación se convierte en toda una contradicción. Para ellos es importante la conquista de la mujer ideal, aquella virtuosa que no cede a las pretensiones sexuales, pero también es necesario tener una vida sexual que le permita afirmarse, así no sea con la mujer de sus sueños. Por más que lo intentemos, la división entre cuerpo y alma, bien y mal, sigue presente en la mente de las nuevas generaciones, haciendo mella al momento de asumir la vida sexual.

Para las niñas escolarizadas el despertar de la vida sexual en pareja se convierte en todo un momento de confrontación. Sobre ellas pesa la responsabilidad de cumplirle a padres y amigos, y también la necesidad de conservar el afecto de su compañero, a través claro, de la sexualidad. Las chicas que no estudian sufren el síndrome de "la bella durmiente", siempre en espera del príncipe azul que las sacara de la vida que llevan. Unos u otros son el caldo de cultivo para generar situaciones en las que el embarazo se vuelve la piedra de choque o la tabla de salvación. En todo caso, siempre hay una correlación con las expectativas de vida y con las opciones que a los jóvenes se les ofrece en nuestras comunidades. Ante las imposibilidades y las puertas que se cierran, la maternidad se ofrece como un símbolo de estatus, como un mecanismo para establecer hogar y eludir la realidad que se vive.

Historias que se repiten

Es usual que entre los casos de maternidad adolescente encontremos historias de familias disgregadas y de madres, que a su vez, tuvieron sus hijos en la adolescencia. Mujeres que han sido madres demasiado jóvenes tienen más probabilidades de tener un número mayor de hijos durante su vida. Y a su vez, las hijas de madres adolescentes tienen muestran tendencia a ser madres precoces. Las historias se repiten y el círculo se convierte en un detonante del núcleo familiar.

Una de las razones más claras de este calco de historias es la tendencia de los padres a librar de responsabilidades a los padres adolescentes. En el mejor de los casos, la niña que ha sido madre seguirá asistiendo al colegio y su madre, asumirá el papel de guía en todo lo que tenga que ver con la crianza del nuevo niño. Los padres terminan suplantando a la madre y tomando las decisiones importantes en la educación y la formación del nieto. Mamá e hijo se terminan de criar como hermanitos y el objetivo, ejercer la maternidad con todas sus implicaciones, se habrá perdido. Quizá por esta razón muchas de las jóvenes que han sido madres solo empiezan a tomar medidas anticonceptivas después del segundo embarazo. Entre tanto la impresión es que a la joven madre le rodea un aura mágica que no le permitirá estar embarazada de nuevo.

Los adultos salen corriendo

Los adultos miran con preocupación, y con ojos de censura, la actividad sexual de los jóvenes, que cada día es más temprana y más regular de lo que se cree. Sin embargo, a la hora de ofrecer información adecuada, de fomentar valores y de guiar a los chicos en su desarrollo sexual, todo el mundo sale corriendo.

No es para menos, si tenemos en cuenta que la educación sexual no es solo un asunto de niños y adolescentes. En realidad, no se le puede pedir a los jóvenes una actitud seria y responsable frente al sexo cuando los mismos adultos se encuentran desorientados y confundidos con el tema.

Los estudios más recientes nos demuestran que en materia de sexo las cosas no han cambiado mucho. Seguimos aferrados a mitos y taras culturales que no solo nos impiden el disfrute de una dimensión tan importante como la sexual, sino que nos conducen a asumir conductas de riesgo que ponen en peligro la vida misma.

Una serie de artículos de Patricia Ayala

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